martes, 24 de diciembre de 2013

Sobre héroes y tumbas


Acabo el año como empecé, hablando de crisis, prohibiciones, restricciones en zonas de escalada, encadenes, equipamientos, equipadores y, sobre todo, de dinero y de lo que cuestan los sueños.

El precio de la electricidad va a subir más que el IPC, los salarios se van a mantener constantes o a la baja, con un número menor de trabajadores, estadísticas oficiales aparte, el precio de la gasolina sigue creciendo, por encima de sus costes, tema al que volveré en un post próximo por recomendación de un lector del blog, y el material de montaña sigue subiendo su precio. Aspectos de la situación económica que tiene diferentes vertientes y derivadas.

El número de nuevas vías equipadas crece constantemente, el de equipadores de calidad también, el número de rokódromos, salas de boulder, entrenadores personales y de grupos también. Aparecen nuevas competiciones en el calendario junto con las ya tradicionales. Aumenta el número de ayuntamientos que permiten las zonas de parking como lugar de acampada, se abren nuevos refugios, campings, casas rurales. Recemos un réquiem en el funeral del único Bonobo que ha vivido en Cuenca.

Hemos viajado de nuevo, buscando el tiempo que nos acompañe en jornadas de escalada, huyendo de los fríos y de la lluvia, sol de invierno, primaveras cálidas, veranos calurosos, otoños de pálidos atardeceres. Cruzamos el mundo, continentes y océanos para descubrir el mismo fanatismo que hay por aquí. Tailandia, Francia, Italia, Marruecos, Dubai, más nuestros Margalef, Cuenca, Fin del Mundo, Teverga, Manilva, han ocupado nuestras líneas.

Sabemos que tenemos que asociarnos, defender de forma común nuestros intereses. Bajo la figura de algunos de los imprescindibles hemos expresado nuestra voz, nos hemos hecho oír, de forma tranquila, pausada, razonada, los Juanmas de nuestras Asociaciones de Escalada Sostenible de aquí y allá. Hay que apretar los dientes, buscar argumentos, negociar: Mallorca, Fin del Mundo, Montsant, Cuenca, Etxauri, Otiñar.

Hemos aprendido, y seguiremos en ello, sobre algunas rapaces con las que compartimos hábitat, no sólo los escaladores, también los andantes, runners, ciclistas, esquiadores varios, oteadores ocasionales y ecologistas decididos: águilas perdiceras, quebrantahuesos, cárabos, búhos reales, buitres de todo tipo, y mis queridos petirrojos, entre otros. Algunas derivadas del dilema del prisionero aplicadas a la gestión medioambiental.

Los secretivos como los entendemos, zonas de escalada que no se publican y se mantienen para unos pocos escaladores, vemos que generan más problemas a la larga que el de la temida masificación. No es sólo negociar con el pastor por cómo llevar a los perros en algunas zonas, es también estar dispuesto a ceder para que beneficie al colectivo de los escaladores.

Seguiremos discutiendo sobre el grado de las vías, de las propuestas, de lo lejos que están las chapas, de los pies de vía. La sal y la pimienta de una propuesta de mejora personal, con el límite de los proyectos y nuestras limitaciones.

No acaba aquí el año, no. No ha hecho nada más que empezar. Sin carta a los Reyes Magos, este año es privada, la he escrito y la he enviado sin acuse de recibo. La buena experiencia del año pasado donde trajeron aquello que pedí me hace ser más ambicioso, eso sí queda entre ellos y yo.

Un año más hay que honrar a los que nos dejaron, los que compartieron un tiempo con nosotros, o nosotros con ellos, sobre sus tumbas dejaremos un sentido ramo de flores. Nuestros héroes.

Nos quedan los héroes que siguen en la batalla. Tendremos que nombrar al equipador del año, la escuela que más ha mejorado, al extranjero que trajo más vías y proyectos al colectivo, a la asociación que más ha defendido la escalada, al alcalde más implicado, al mejor parking para escaladores, a la mejor guía publicada. Cada uno tiene que hacer su propia lista. Yo tengo la mía de mis héroes, ya han aparecido en estas líneas en este año.

Despediré el año en el mismo sitio donde lo he vivido. Peleando con los movimientos de mi siguiente proyecto, ése que todos tenemos en mente, justo en el preciso momento que chapamos la cadena del anterior. Como el año que empieza, sobre la tumba del que acaba, con sus héroes.

jueves, 5 de diciembre de 2013

Un puente cualquiera


Mañana fiesta. Se junta, como decía mi abuela, a un viernes y sale un puente, pequeñas vacaciones en un tiempo en el que todo el mundo trabajaba, ahora sólo es un impasse para la gente que medio trabaja, medio no, en este nuevo escenario, donde tantas cosas han cambiado al amparo de la palabra crisis. También es un medio puente, ya no son lo que eran.

Todos a la carretera, a llenar el depósito de gasoil, mucho más caro que la semana pasada, curioso que a las petroleras les vaya siempre bien, aunque las expropien en Argentina. Pagamos con tarjeta, comisiones a unos bancos que siempre les va bien, y cuando les va mal se arregla con dinero de los contribuyentes y ya está, sí aún cuando ellos también pagan, menos cuando tienen pérdidas que generan créditos fiscales. Viajamos controlados por la Guardia Civil y sus sistemas automáticos de control de la velocidad, mecanismo recaudatorio necesario.

Llegaremos a cualquier escuela, buscaremos parking, en línea o batería, no queda más remedio. Compartir sitio, vías, zona de descanso. Haremos cola en la vía de calentar, en la del proyecto, en la de acabar, en la barra del bar, en la pizzería. Colectivo ambulante de escaladores, sonrisas de tribu, plumas y gorros, manos desgastadas, heridas y magnesio.

Todo bien pagado con su IVA y sus impuestos indirectos y directos.

El domingo acabaremos pronto, demasiados kilómetros de vuelta, cuerpos cansados, algún encadene de mérito, la mayoría no, la tribu se despide, recoge los bártulos y se refugia en casa. Apaga la sonrisa y espera al siguiente puente.

El gobierno se planteó acabar con ellos, va contra la productividad dicen. No lo hagan. Entiendan que vivimos de esto, del sol, de las playas, de las montañas, de las paredes.

Los puentes deben estar protegidos, deben caer siempre en jueves, si caen en fin de semana deben “pasarse” al martes siguiente. Se lo agradeceremos todos:

1.- Los escaladores
2.- Las petroleras
3.- Los bancos
4.- Los bares y restaurantes
5.- La guardia civil
6.- Los refugios de montaña.
7.- Las casas rurales, hoteles y demás.

No dejemos de disfrutar del tiempo.

Sabemos que tenemos razón.

lunes, 18 de noviembre de 2013

Las guerras del grado


Sabía cuando escribí el “misterio del grado cambiante” que abordaba un tema importante de una manera frontal, pero sin profundizar en los aspectos laterales de la definición, que son los que generan controversia.

Anticipé que tras unas cervezas y amigable charla cualquier escalador, tras hablar del logro o intento de encadenar una vía determinada, tiene que pararse a pensar en la graduación de la dificultad de la misma. Tras el análisis se apunta en la tradicional libreta, en la más moderna red social 8a.nu, o incluso en la barra de hielo de la memoria, que dura lo que tarda en escurrirse en su deshielo, sin darle más importancia.

Me interrogan algunos seguidores del blog dónde se origina la polémica y la discusión al ser un deporte individual de resultados individuales y medible en las propias vías, iguales para todos los escaladores, siendo capaces o no de encadenarlas. Reglas iguales en el método de escalada libre, graduación igual para todos y mismos materiales a disposición de los escaladores para su consecución.

Tengo, entonces, que meterme en faena y especificar cuáles son las “guerras del grado”, la sal y pimienta de nuestro día a día. Recordad que el grado es la medición, alcanzada por consenso entre el equipador y los repetidores, de la dificultad de una vía. Propuesta y confirmación de la dificultad no conlleva muchos debates en el noventa y nueve de los casos pero es el uno por ciento restante el que vale por todos los demás.

Vayamos por partes. Trataré de encadenar unas propuestas.

a.- Motivaciones de superación personal: la mayoría de los escaladores tratamos de superar el grado máximo alcanzado, razón de nuestros entrenamientos, desvelos y multi pegues a las vías (repetirla tantas veces hasta que somos capaces de encadenarla), por ello podemos caer en la tentación de probar una vía que está mal graduada, normalmente por debajo, y al conseguirla aceptar como buena la graduación, aún con nuestro pepito grillo instalado en el hombro diciéndonos que quizás no sea cierto.

b.- Trampas al solitario: propuestas de grado poco consensuadas, que el equipador propone y encadena en su nivel máximo, estando la dificultad por debajo. Las razones pueden ser variopintas.
b.1.- Presión de los sponsor: necesidad de obtener buenos resultados para seguir manteniendo la esponsorización, a veces de cuantías mínimas.
b.2.- Complejo héroe Marvel: capaz de superar lo humano. Cada uno tenemos un superhéroe favorito.
b.3.- Ego escalador: y por comparación con los demás. Referencias en revistas especializadas, blogs y páginas web son el objetivo de estas trampas.
c.- Grado Arrojadizo: hay equipadores que tras varias propuestas de dificultad que los repetidores de la misma proponen una dificultad menor, bien porque al probarla surgen métodos técnicos o de escalada que la hacen más factible de encadenar, bien porque la propuesta era errónea por encima, deciden que sus vías tendrán un sello de “dificultad”, para no volver a ser sujetos a revisión, y por tanto a crítica pública. Como si se pusiera en duda al equipador a la vez que a la propuesta de grado. La sensación de arrojadizo es patente.

d.- Grado campeón: son aquéllas propuestas hechas por repetidores de las vías indicando un grado inferior al propuesto inicialmente. En estos casos se adivina que hay una razón detrás de este hecho pues el repetidor proponente sabe el grado real. Esto puede ser:
d.1.- Complejo héroe Marvel: en otra variable, la de he llegado a un nivel sobrehumano que sólo unos pocos llegan y los demás en su afán de conseguirlo hacen propuestas de grado por encima del que es, que ya corrige. El grado justiciero es una variable de este complejo.
d.2.- Complejo profesor: Una mezcla del anterior con un afán de querer explicar su decisión, argumentando sin parar el por qué de sus diferencias de graduación.

e.- Apertura de nuevas escuelas: la dificultad es por comparación con las vías encadenadas en otras escuelas que a los equipadores les parecen de dificultad similar y van adecuando según se abren nuevas vías y vienen escaladores a refrendar o variar el grado.
e.1 .-En este caso es habitual que los escaladores locales piensen que el grado es más duro en su escuela que en las demás, donde las vías se regalan, en el concepto de que es más “fácil” encadenar vías de la dificultad máxima de cada uno.
e.2.- Interés en que una zona se conozca: bien porque hay un bar que quiere más clientes, un hostal que ha patrocinado un equipamiento u otros intereses comerciales al calor de un número creciente de escaladores ávidos de encadenar vías de máxima graduación sin mucha dificultad. Este punto es políticamente incorrecto escribirlo.

Hasta aquí llegamos hoy, seguro que se nos ocurren nuevas razones que hemos visto en nuestras charlas, al igual que a mí nos producen una sonrisa, espectadores de estas guerras, batallas amistosas y no tanto, de una valoración subjetiva por consenso. Sigamos.

viernes, 25 de octubre de 2013

Tardes en Marabio




La primera vez que pasé por el Puerto de Ventana fue hace muchos años, demasiados, con un grupo irredento de salmantinos, camino de Quirós y sus placas grises, para quedarnos en La Plaza, en el condado de Teverga. Allí un grupo de irreductibles astures ocupaban la Casa Piedad, refugio de la abuela de un en ciernes miembro del Circo del Sol, abandonada por sus dueños, ocupada por la naturaleza salvaje de estas montañas. Nos acogieron con hospitalidad norteña, regada con cajas de sidra y aderezada de mitos ignotos.


Las xanas, los trasgus y los busgosus empezaron a quedarse entre nosotros. Llevo mucho tiempo convencido que un trasgu se vino conmigo y que me acompaña cada vez que cambio de residencia. El mojabobos de mi tierra hace años que lo llamo orbayu. Y una placa sin gotas de agua ya no es una placa.

El puerto de Marabio preside el valle desde enfrente, los hayedos, ahora en colores que merecen una mirada tranquila al atardecer, colorean las laderas hasta morir a pie de pared. Reino vertical de excelencia.

Había algunas vías de una compe que se hizo a principio de los noventa, me confesaba Raúl, una mañana soleada tomando su tercer café, incapaz de no decir que no, cortesía desde su mirada tranquila, fruto de la paciencia de un valle y una gente sin prisa. La primera reunión la puso Galli en la bóveda, allá en el noventa y dos, echándole valor, eso sí, yo fui el primero que se descolgó abriendo la primera vía, explicaba al segundo sorbo.

Teverga, ha crecido, se he convertido en un referente nacional de la escalada de dificultad y de calidad. Las vías se han ido sucediendo. Las propuestas según se equipaban pasaban a la mofa general sus no encadenes, Circles, nació como 7b, Derecho de Pernada abrió un muro, El malhechor ha quedado como referencia de 8a apretado. Tino, Gallu, el Rocker, Josón completaban aquella primera gente que habitó las bóvedas. El inexorable paso del tiempo ha llevado a cada uno donde le han llevado sus pasos. Se han incorporado nuevos guerreros, otras huestes que ahora siguen mejorando el legado.

Había una campa al lado del campo de fútbol, ahora convertido en el mejor parking, en el concepto explicado mas veces en el blog, del verano. La escuela es una referencia constante y la amabilidad con que se recibe a los visitantes seña de identidad. Conviven empresas de turismo de aventura, alquiler de bicis, caminantes de la Senda del Oso, surfistas que abandonan la playa para dormir y reponer fuerzas en los sitios de la zona, en una zona privilegiada por su clima. No sabéis que de vez en cuando se instala el buen tiempo en invierno y que entre sol y orbayu se dejan escalar las paredes de entrecampos.

Esguila la noche, veniros, comentó Raúl al acabar el café. No dijo más, lo descubrimos ese mismo día. Encuentro de escaladores, amigos y aficionados a ver las estrellas, convocados por el Grupo Aguja de Sobia, nos juntamos a escalar bajo la luz de los focos, beber cerveza y sidra y reírnos en la competición de subirse a una columna de cajas de sidra, el truco es que el concursante las va colocando bajo sus pies y se sube sobre la última hasta que todo se derrumba, más de treinta subió el ganador. Éxito de un club, cuyo presidente es el cafetero habitante de estas tierras desde siempre, y sobre todo, desde que equipó aquélla primera vía. Alguien comprometido hasta las cachas, un imprescindible.

El parking funciona en un modelo de autogestión envidiable. El ayuntamiento, convencido por la asociación de caravanas de Asturias, apoyados por los escaladores, ha legislado para permitir el aparcamiento de caravanas. Ha construido una zona de aguas sucias y residuales, unas duchas y unos lavabos. El club ahora está acondicionando un local anexo para aquéllos que no tienen vehículo vivienda y para los días de lluvia. La limpieza corre a cargo de los que allí lo usan, un cartel explica que entre todos se debe mantener limpio. La ducha es de agua fría, como en Ceusse, sabe igual a buen ambiente.

No necesitan cuelebres, sino ideas y aportaciones voluntarias. La forma sencilla de pedirla. Los resultados a la vista están. No lo imaginaban cuando empezaron que Teverga se iba a convertir en un referente en el imaginario colectivo de todo escalador patrio, que la senda del oso iba a llenarse de caminantes con sus cuerdas camino a las paredes. Aceptan los cambios, comparten su tiempo contigo, te cuentan sus proyectos y cuando abandonas el valle vuelven a sus rutinas, sus vías, sus nuevas zonas, sus tardes tranquilas.


viernes, 4 de octubre de 2013

El misterio del grado cambiante


Explica eso del grado, es la última petición de un profano en la escalada deportiva que lee el blog. Voy entendiendo eso de los parkings, las escuelas, las prohibiciones, el turismo de repetición y otros conceptos, me escribe, pero no entiendo lo del grado.

Es uno de los aspectos que hacen que nuestro deporte tenga un tema de conversación y discusión permanente, y, lo más importante, obliga a la búsqueda del análisis, comparación y consenso de los escaladores.

Denominamos “grado” a la escala que mide la dificultad de las rutas individuales de escalada, cada nivel de dificultad creciente se le asigna un número del uno en adelante, y entre un número y otro se gradúa con un signo mas “+”, por consenso se ha adoptado este modo de graduar, que es la escala francesa, así un 7a es más fácil que un 7a+. Hay otras graduaciones, la alemana, con algo más de dureza, la americana y la de la federación internacional, pero es la francesa la que sale en las revistas y la que se adopta de forma universal.

Las vías más difíciles del mundo están cotadas en 9b y 9b+ y sólo hay dos escaladores que han conseguido esa dificultad. Hasta aquí una breve explicación del grado. El que abre o equipa una vía propone un grado de dificultad, basado en su experiencia de probar movimientos y por comparación con otras vías ya encadenadas. Los siguientes escaladores que repiten la vía confirmar el mismo o lo revisan proponiendo uno más alto o más bajo. Es un hecho subjetivo la graduación, sin embargo en la mayoría de los casos hay unanimidad en la dificultad graduada.

¿Dónde está la discusión? Te preguntarás. El motivo de discusión es que al “graduar” (hecho de medir en números la dificultad de una vía) se llega por consenso y hay supuestos en que no se se llega a tal. Es lógico tener dudas cuando se llega al grado máximo, nuestra experiencia en esa clase de movimientos, “registro gestual necesario en cada grado” suele decir Dani, es más limitada. Requiere entrenamiento, aprendizaje, probar de forma repetida niveles de fuerza y esfuerzo superiores para superar cada grado. Entonces al hacer una vía en ese nivel, que nos puede parece más dura que las anteriores del mismo, la graduamos con un nivel mayor. Aquí es donde el consenso de los escaladores entra, aquellos que tienen un nivel mayor suelen tener referencias para graduar esos niveles en el límite y corrigen las propuestas. Hay una zona gris en un número pequeño de vías que al final, normalmente por ser publicadas en guías de escuelas, están graduadas sin consenso total y pueden ser un grado y u otro, según apreciaciones subjetivas.

Por ejemplo, en la Guía de escalada de Cuenca hay más de mil vías publicadas con una propuesta de grado, y sólo en menos de un cinco por ciento se duda si puede ser distinto. Siendo subjetivo el grado no como otros deportes donde la escala es objetiva para todos, como el atletismo con sus marcas o el golf con su handicap, es de destacar que sólo en un porcentaje bajo se duda, cincuenta de mil, en el caso de Cuenca, parece asumible.

En la búsqueda de la dificultad tratamos de encadenar vías de grado cada vez más alto, es el objetivo de la mayoría de los escaladores, superar el grado anterior y escalar al máximo nivel.

Aquí es donde empieza el misterio del grado cambiante, en el tercer tiempo, el de disfrutar de las cervezas y de los amigos.

Una cerveza y se ve mejor. “Esa vía no es 8a”, frase lapidaria de un escalador a otro, normalmente el primero ya ha hecho más de uno y el otro está peleando para encadenar la vía. Connotaciones todas las que os imaginéis. Hace unos años si una chica encadenaba una vía dura (aquí en cada época ha sido un nivel superior) directamente pasaba a cuestionarse el grado y considerarla un plus (+) inferior.

Otra cerveza. “En esta escuela se regalan la vías”, comentario de un escalador para decir que las vías están mal graduadas y que es más fácil superar la máxima dificultad. Aquí puede ocurrir que recién equipadas todavía no se saben todos los posibles métodos de encadenarla que pueda hacer que se vayan ajustando a la baja las propuestas, o bien que, efectivamente están mal graduadas, por inexperiencia de los que proponen el grado, por motivos de dar publicidad a la zona, o por falta de referencias. Hay vías, que ya he explicado que denominamos “comerciales” de dificultad, más fáciles de encadenar que otras de su mismo grado. Parecen más fáciles, a veces lo son, a veces no se quiere cambiar...

Otra más y ya la discusión va que los esponsores exigen resultados y una serie de logros, reseñas en publicaciones, y se crea el mito de ciertas vías de la máxima dificultad y se cuestionan encadenamientos y escaladores. Machacas del séptimo grado me decía un veterano estas vacaciones, que van sobrados. Leer el 8a.nu es toda una experiencia para ilustrar las opiniones sobre los grados de las vías en duda.

Un equipador amigo mío dice que en muchas escuelas argumentan que el grado está más duro en la suya que en las demás.

Reunión de escaladores y discusión del grado de las vías. La sal de este oficio. Empieza la discusión del misterio del grado cambiante.

viernes, 20 de septiembre de 2013

Renacuajos en Chang Mai


Encaminamos nuestros pasos hacia el norte. Abandonamos Koh Tao un atardecer lluvioso, en un mar de olas intensas, en reflejos grises, lejos de la gama de granates y violetas que conocíamos. La sensación de abandonar el paraíso ya se instaló en mi cabeza. El norte no nos defraudó, eso sí, no superó lo que habíamos vivido.

Chang Mai es la ciudad más importante del norte, imprescindible visitarla si quieres tener una imagen más amplia del país. Acercarse a la selva, que no adentrarse, ver elefantes, en distintas granjas, algunas de dudoso gusto conservacionista, alquilar una moto para recorrer esas montañas de pueblos llenos de hippies de todas las posibilidades económicas, desde los americanos fumando marihuana con la visa oro en el bolsillo, pasando por europeos en viajes de Lonely Planet anuales, hasta los que han decidido quedarse allí a vivir enganchados por esas tierras.

Llegamos en avión, un low cost desde Bangkok, y nos plantamos en el centro de la antigua ciudad amurallada, bella y abierta, dispuesta a enseñarnos sus riquezas a través de cientos de empresas de todo tipo de excursiones y actividades al aire libre. Decidimos ir camino del Rent room que habíamos visto y cuando estábamos a punto de llegar, recordando que teníamos que volver a regatear el precio, arte ancestral obligatoria entre tailandeses y el resto del mundo, vimos que a la puerta había un charco que ocupaba media callejuela, mitad tierra, mitad asfalto, nada que ver con las calles del Plan E de aquí, y en él sobrevivían un sorprendente número de renacuajos. No sé cómo habrían llegado hasta allí, y no es una duda sobre el origen de la vida de la familia de los anuros, no, sé que antes han pasado por allí ranas o salamandras y que han vuelto a lugares sombríos o al río cercano. Lo que sí entiendo es que a la más mínima oportunidad han ocupado un hábitat hostil y pelean por sobrevivir. Más aún con el día de sol que nos recibió, calor húmedo. El monzón de media tarde, puntual con su cita del norte, despejó las dudas.

Buscamos una tienda de escalada, con un más que decente rocódromo, donde nos informaron de la escuela más cercana, alquilamos una cuerda, la anterior se había quedado en Ton Sai, y ahora creo que anda por Australia, y con nuestra flamante guía, también alquilada, a la mañana siguiente, en la scooter a todo gas, hicimos los cincuenta kilómetros por esas carreteras sacadas de una película de Rambo para llegar a unas paredes entre selvas interminables.

Si el objetivo es escalar y hacer grado Chang Mai no es el destino. Si es seguir disfrutando de otra estancia del paraíso entonces sí: selva, mosquitos, quemadores de incienso, humedad, guías de escalada deportiva con clientes no haciendo más de seis a (los guías), pueblos enlazados con la selva, bares restaurantes entre la carretera y los caminos, madera, bambú y comida picante. Los viernes hay un mercado nocturno único y de una luz que engancha, no es el mercado de imitación que hay permanentemente, no, es uno que hay que visitar y conocer.

Tailandia muestra que es posible. Un paraíso natural, un país que vive del turismo, que lo cuida y que aprovecha el negocio que dejan los visitantes. He contado por docenas las empresas que se dedican sólo a la escalada en esta península asiática. No es su recurso más preciado, ese es el propio país, su belleza fascinante de playas, colores, gentes, comidas, templos, clima. Aprovechan como los renacuajos la oportunidad para crecer y tener un lugar en el ecosistema, peleando duramente por el espacio y las dificultades.

Ya de vuelta por aquí me queda mirar atrás y cerrar los ojos, retener en mi memoria todo lo que allí he vivido, ayudarme con las fotos y las personas conocidas a mantener el vínculo con el camino al paraíso.

Redescubro las oportunidades que tenemos aquí: las mejores escuelas del mundo, escaladores que estudian y tratan de titularse para dedicarse profesionalmente a la escalada, refugios que se abren impulsando zonas, abriendo vías y llegando a acuerdos con ayuntamientos y propietarios de terrenos, conocedores del efecto beneficioso que produce para la economía local la visita permanente de militantes de la roca, junto con los problemas generados, prohibiciones reduccionistas, gestión de las basuras propias y colectivas, conservación de los hábitats versus actividades varias.

Acaba el verano y volvemos a plantearnos los problemas habituales junto con algunos que empezamos a conocer, la responsabilidad civil de nuestros actos, equipamientos, guías de montaña, impuestos a pagar, creación de empresas para aprovechar el potencial de la escalada. Una nueva pelea como la de los renacuajos de Chang Mai, peleando en un charco, esperando que el monzón estalle en un río que les lleve a aguas más amplias.

miércoles, 21 de agosto de 2013

El embrujo de Koh Tao

Mucho tiempo antes de viajar a Tailandia descubrí, gracias a Facebook, que en Koh Tao, el mejor lugar del mundo para bucear según la Lonely Planet, también se podía hacer boulder.

La página era de una escuela de buceo Ihasia Kotao, que tenía la peculiaridad de que hablaban español, catalán y euskera, así que los de estas hablas podíamos ir a un sitio dónde no fuera todo en inglés, que para esto el lenguaje técnico tiene su aquel.

Llegamos una noche desde Ton Sai, a esta isla heredera de años de prisiones asiáticas asoladas por la malaria, ahora reconquistada por los guardianes del paraíso, acogida a su jurisdicción. Caminamos hacia el sur, desde donde se ve llegar el monzón. Llegamos a la playa, en una instalación pegada a un bar tailandés, bajo unos soportales se encontraba la escuela de buceo, dos crash pads apoyados en la arena nos confirmaron que era el lugar.

“A las dos abrimos”, nos dijo el que estaba al mando a las dos y cinco, camino de una hamaca. Sin prisa nos sentamos hasta que se dio cuenta de la hora y nos indicó que nos acercáramos. “Me llaman  El Brujo”, se presentó y nos contó todo lo que ofrecía, cursos de buceo, inmersiones, alquiler de material de boulder, planos de los bloques y lo contratamos.

El potencial de la isla para hacer bloque no es lo único que quiero contaros. Un lugar para explotar, eso lo sabíamos, calor y humedad también, mosquitos y monzón. Merece la pena incluirlo en todo plan de viaje a Tailandia. Lo que quiero contaros es cómo El Brujo nos explicó su plan de empresa, cómo había creado su negocio.

Siete personas trabajando para la empresa, equipos de buceo, barcos para llevar y traer a los clientes, instalaciones donde impartir los cursos, títulación oficial reconocida internacionalmente. Haciéndose un lugar entre cientos de escuelas de buceo que hay en la isla. “Soy el manager”, me explicó, madrileño de nacimiento, ciudadano del mundo, escalador ocasional en Patones, residente en Euskadi cuando lo requirió las circunstancias económicas, “llegué a Tailandia con trescientos euros”. Sin formación económica previa descubrí a un gran empresario. “Salvamos cada mes con cuarenta clientes”, tiene calculado, ahí cubre costes, paga todos los salarios y queda algún bath de beneficio. Sin que nadie se lo explique conoce el punto de equilibrio de ventas, donde los ingresos igualan a los costes fijos más los marginales del mes.

Descubrió que ofrecer cursos en los idiomas que se hablan en la península le traería clientes, así como, que promocionar el boulder, además de ingresos por el alquiler del material algunos escaladores contratan el buceo, actividad principal de la empresa. A esto se le conoce como diversificación sobre el producto y una estrategia de marketing colateral.

No es posible montar un negocio sin un socio local, así que convenció a un tailandés de que le alquilara un local, del edificio del bar-terraza-chiringuito más apartamentos con vistas la mar, donde situarían la escuela de buceo, él traería a los clientes para bucear y se alojarían y comerían allí. Todos se benefician. Inversión baja, costes compartidos y venta cruzada a los mismos clientes. Ideas de escuela de negocios intuidas por El Brujo.

No tenía dinero para comprar las botellas de oxígeno, ni alquilar los barcos, ni todo el material necesario para el buceo. Así que buscó a otra escuela de negocio y llegó a un acuerdo con ellos, les alquilaba los equipos ociosos. Tardó en convencerle del beneficio mutuo. Los equipos que no iba a usar tenían una rentabilidad que en otro caso sería cero. Además de la amortización, es decir la depreciación y desgaste por el tiempo. Todos ganan, El Brujo entiende el dilema del prisionero, del que he hablado más veces, sin haberlo planteado.

“Si un día esto no da, lo cerramos y no dejamos nada a deber”, resumió al final. Tiene un plan de extinción de empresa. Si hay una crisis no les deja pillados las deudas. Pagan, rescinden los contratos y siguen buscando su lugar en el paraíso.

Ir a verle, bucear, blokar, comer tortilla de patatas allí, disfrutar de su charla y la de sus instructores.

“Viajo a España de tarde en tarde y me llama la atención lo que tarda en atardecer en verano”, a mí me llama la atención la inteligencia natural de este empresario, que vive en el paraíso, donde los días son iguales y los días reciben la noche sin atardecer, mirando a la cruz del sur.


Amenaza de Monzón desde la sede de El Brujo